Nada de lo que he vivido últimamente, me pudo preparar para algo así.
Yo había pintado un escenario muy diferente al que realmente fue. Nunca voy a entender por qué sigo esperando algo de los demás, siempre en colores pastel.
Tal parece que en la vida todo permanece estático. Feliz, despreocupado, como siempre has sido. Yo, preguntándome cada noche por qué no puedes salir de mi cabeza.
Los nervios, la risa, la electricidad que recorre mi cuerpo cuando me tocas. La pantalla de felicidad que invento para sentirme feliz, aunque sea por unos momentos, aún a sabiendas que todo es una gran mentira.
Y como si estuviera escribiendo un libro, las cosas sucedieron como en mis más grandes pesadillas. Fue verte una vez más, sólo para darme cuenta que no hubo, no hay y no habrá nada. El mensaje sin contestar. La última mirada. No hubo un último beso, ni un último abrazo.
Tal vez antes fue diferente, porque nunca tuve un reproche, algo malo para sostenerme de ahí y levantarme. Empezaba a salir de todo esto sabiendo que las circunstancias eran las únicas culpables. Que los tiempos no eran los correctos, que ni tú ni yo debíamos estar juntos. Y ahora, la simple indiferencia me está quemando por dentro.
Yo no sé si exista el karma realmente. No estoy segura de que haya un árbitro monitoreando nuestras acciones, ni una balanza que finalmente se incline hacia todo lo “correcto” que hacemos. Yo sólo quiero que sepas que me dueles en el alma. Que tus ojos me persiguen todo el tiempo. Que sin saber cómo te robaste mis pensamientos. Que no sé qué hacer sin ti. Que quisiera salir a buscarte. Que daría todo por abrazarte. Que tu boca no se compara a ninguna. Y que nadie, nadie tiene la culpa más que yo de sentirme así. Y que daría todo por borrarte aunque sea por un segundo de mi mente. Por se libre y feliz… como antes de conocerte.

"Nunca voy a entender por qué sigo esperando algo de los demás, siempre en colores pastel". Qué chingonería, y que cruda verdad!
ResponderEliminar